NotMid 09/08/2026
Editorial NotMid
Tarde y empujado por sus propias fisuras, el chavismo “originario” ha llegado a la misma conclusión que sostiene la inmensa mayoría del país: el gobierno de Delcy Rodríguez debe abandonar el poder de inmediato.
Lo gritó a voz en cuello Santiago Arconada durante una concentración de “factores progresistas” en la Plaza El Venezolano, a apenas unos pasos del despacho del hermano mayor de la interina. “Para poder enfrentar el terremoto, es necesario que este gobierno deje de ser”, sentenció Arconada en un discurso febril cuyo clímax vale la pena revisar en el enlace al final de esta nota.
En la misma tribuna, Oswaldo Rivero —el controvertido “Cabeza e’ Mango”— admitió no sentirse representado por la gestión de Rodríguez y terminó enumerando el mismo catálogo de atropellos que la oposición lleva años denunciando: la intervención de partidos, la cacería de líderes sindicales y la pulverización del salario. Bienvenidos a la realidad.
Mientras tanto, Diosdado Cabello —obsesionado con la oposición y con María Corina Machado— ya no halla cómo ocultar el elefante rojo que se pasea por su propio patio.
El hombre que tuvo el cuajo de justificar sin pestañear la entrega de Alex Saab, ahora intenta apagar el incendio admitiendo la “preocupación” de su militancia.
Para contener el desbande, apura el libreto de la unidad y recuerda que la presidenta no está sola: “Estamos nosotros con ella”, amenaza, en un video donde posa junto a los hermanos Rodríguez. Los tres tristes tigres.
Fiel a su estilo, Cabello descalifica a los disidentes asegurando que “ni siquiera estaban con Chávez cuando Chávez vivía”.
Con semejante lógica negacionista, no extrañaría que mañana nos digan que Elías Jaua guardaba un carnet de Primero Justicia en la billetera o que Mario Silva era el guionista en las sombras de Aló Ciudadano.
La realidad, sin embargo, se mide en las calles y en los números. Las encuestas reflejan un desplome vertiginoso en la popularidad de Delcy Rodríguez.
Lógico: heredó el repudio que Nicolás Maduro se construyó a pulso y hoy dilapida a velocidad crucero lo poco que quedaba de la “base dura”, esa militancia radical que navega hoy en la absoluta desorientación.
En medio del naufragio oficialista, Francisco Arias Cárdenas lanzó una pregunta mordaz: “Es necesario que sepamos todos los venezolanos si continuamos en guerra o si aceptamos la derrota y abandonamos la opción de combatir”.
El mismo que alguna vez le sacó el cuerpo a Chávez, hoy canta como gallo.
Pero la interrogante del viejo comandante no necesita más rodeos; el país ya la respondió hace mucho tiempo: Acepten su derrota y abandonen el poder de una vez para que Venezuela pueda levantarse de los escombros.
Es justo y necesario.

