No sabe responsabilizarse de la ruina de un hostelero, de la desesperación de una madre de familia con el barrio meado por cientos de intrusos, del humillante retorno de la sarna a una plaza europea en el siglo XXI
NotMid 04/09/2026
OPINIÓN
JORGE BUSTOS
No sé por qué íbamos a esperar que los olmos dieran peras y Pedro Sánchez diera empatía, autocrítica, honestidad. Ya ni siquiera da vergüenza, porque la vergüenza no deja de ser un atributo tan humano como los demás. Y el presidente de las primeras veces es también el primer androide que gobierna España.
Pedro está cableado para realizar en décimas de segundo complejos cálculos de poder. Ignacio Camacho lo ha llamado «discapacitado emocional», y no es insolencia sino entomología. Por eso se va un mes de vacaciones mientras toman Ceuta. Un replicante no recibe al nacer la dotación biológica que le permitiría indignarse si un país hostil abusa de un pedazo singularmente expuesto de su propia nación. Un replicante puede declararse feminista, pero no está equipado afectivamente para revolverse contra las agresiones sexuales que no sirven a su relato, por el simple hecho de que las han perpetrado los súbditos del patriarcado que le clonó el móvil. No sabe responsabilizarse de la ruina de un hostelero, de la desesperación de una madre de familia con el barrio meado por cientos de intrusos, del humillante retorno de la sarna a una plaza europea en el siglo XXI. Tampoco comprende por qué Juan Jesús Vivas, siendo bastante más feo que él, recibe abrazos espontáneos de los mismos atribulados vecinos que a él lo abuchean.
No estoy pidiendo dirigentes lacrimógenos. No se gobierna mejor abandonándose a los sentimientos, y no pocos tiranos se han emocionado hasta las lágrimas ante la visión de su caballo. Uno desearía la clase de político que no solo tiemble cuando peligra su poder, pero en diez años a Sánchez solo le hemos visto los ojos acuosos cuando un coche lo sacaba del garaje de Ferraz en aquel comité de octubre. Ni en la pandemia ni en la dana ni en un incendio ni en la invasión: esas son cosas que les pasan a los demás. La única frontera que Pedro protege celosamente es la que se levanta entre el mundo y su piel.
Pero si Felipe González tenía razón, gobernar es hacerse cargo del estado de ánimo de la gente. Feijóo, que a menudo prueba su humanidad equivocándose, habló a la vibrante temperatura que pedía el momento. El día después de que los españoles se echaran a la calle en defensa solidaria de sus compatriotas ceutíes; es decir, en defensa propia. Pero el presidente del Gobierno de España subió a la tribuna del Congreso a presumir de gestión, luciendo el envidiable bronceado que ligó en las mismas semanas en que ardía Ceuta. Hasta el color de su corbata coincidía con el de la estrella de la bandera marroquí, por ponernos conspiranoicos.
El compareciente ya no cree que el 30-J fuera un «ataque a la integridad territorial» sino otra crisis migratoria que de pronto se fue de madre sin que nadie le advirtiera. Así que no se podía saber. Cuando se supo, actuó de manera ejemplar. No todos lo hicieron: ni los policías ni los agentes de inteligencia ni el presidente pepero de la ciudad invadida. Todos fallaron a la hora de ponderar la dimensión de la avalancha. Cuando tomó cuerpo en toda su magnitud, hubo que elegir entre mantener la «estanqueidad» de la frontera, contra la que cientos habrían muerto aplastados, o los altos estándares humanitarios de este Gobierno. El compareciente, como es lógico, optó por lo segundo. Y a pesar de que los rusos, los judíos, los youtubers andorranos y los compañeros de tute de Marcos de Quinto agravaron la situación con sus bulos en redes, la leal colaboración con Marruecos permitió embridar la crisis enseguida y devolver a la inmensa mayoría de los intrusos. Ahora estamos en la fase de las paguitas. Y cuando hayan cobrado, Pedro y el Rey (por este orden) se personarán en Ceuta. Nada como parapetarse detrás de Felipe VI para frenar los silbidos. Y pelillos a la mar, porque seguirá sin probarse que Mohamed tuviera algo que ver. Y si se prueba, ahí estará el tío para levantarle el dedito, tan tieso como se lo levanta a Trump y a Netanyahu.
Solo Margarita Robles se quedó sentada en el escaño al paso de semejante convoy de patrañas. Algunos le piden que dimita. Yo prefiero que siga ahí metida, durmiendo con el uniforme, defendiendo en solitario la dignidad del Estado.
En un futuro lejano Ceuta seguirá siendo española. Y en una nevera del CNI se conservará criogenizada la jeta del prototipo Sánchez Pérez-Castejón como el brazo del terminator en la segunda entrega de la saga, para estudio de futuras generaciones.

