NotMid 30/08/2026
Opinión NotMid
La congresista María Elvira Salazar puso el dedo en la llaga. Aunque borró un post en su cuenta personal de X, nosotros lo rescatamos.
Conociendo la naturaleza mafiosa del régimen de facto y su vocación por incumplir los acuerdos —así sean estampados con sangre—, María Elvira le puso fecha de vencimiento al entendimiento.
Dijo Salazar que el pacto entre el presidente Trump y la dictadura cesará el día en que Trump deje la Casa Blanca, es decir, el 20 de enero de 2029.
Para ese momento, razonaba, el régimen seguirá allí y volverá a lo de siempre, fiel a su naturaleza delictiva y malamañosa.
Porque, ojo, el gobierno de Trump es un mandato electo democráticamente y así terminará.
Podrá sucederle otro gobierno republicano, si así lo deciden los estadounidenses mediante el voto, pero no otro de Trump.
Esto, como sabemos y como evidentemente conoce María Elvira, no aplica en la dictadura, donde la alternancia está proscrita. Ella, junto a Maduro, se robó las elecciones de 2024, luego entregó su cabeza el 3 de enero de 2026, vio vencer el plazo constitucional de su presidencia encargada en julio y ahí sigue: fingiendo amnesia sobre su ilegitimidad, pretendiendo continuar sentada no sobre las bayonetas oxidadas de la FANB, sino sobre los barriles del petróleo venezolano y con el respaldo del Departamento de Guerra estadounidense, actor principalísimo de este naciente pacto petrolero.
Claro, a menos que los entendimientos tengan un apéndice secreto atado a la fase tres del plan Rubio, donde se prevean elecciones presidenciales y legislativas libres y justas antes de enero de 2029, sin inhabilitados y con plenas garantías.
Unos comicios que, de paso, seguramente ganarán los candidatos de oposición, y entonces sí tendrían voz y voto en estos asuntos.
Sin embargo, como ni siquiera hay un cronograma para votar en libertad —y tampoco se ve mucho apuro en fijarlo, la verdad sea dicha—, nuestro deber es interpelarnos: ¿qué pasa con esos pactos si el chavismo sigue ahí después de Trump? ¿O acaso era eso lo que pedían a cambio? Y más aún, ¿qué pasará mucho antes, pongamos que el año entrante?
A esto se suma otra gran incógnita: ¿qué garantías tienen EE. UU. y las empresas involucradas de que no se repetirán las gravosas experiencias confiscatorias de Gold Reserve, Exxon o Conoco, por mencionar solo algunas?
Quizás eso explique el protagonismo del Pentágono en todo esto.
Es un tema petrolero, pero lo es aún más de seguridad nacional. Por tanto, queridos lectores, habrá marines no solo en la embajada en Valle Arriba o en el Marriott, sino también allí donde Washington crea que los necesite —como Zulia, Monagas y Anzoátegui— para proteger lo que ya considera parte de su reserva energética estratégica.
Además del prontuario, basta mirar un ratico las comunicaciones chavistas para desconfiar de lo que se trae entre manos el malandraje de Miraflores.
María Elvira lo sabe y por eso lanzó el tuit que luego, seguramente tras una llamada de “arriba”, desapareció.
Es verdad que, en el corre-corre, desempolvaron videos de Chávez y enterraron otros para atajar las críticas contra el rodrigato.
Hasta Iris apagó el fósforo para decir que el acuerdo fue idea de Maduro, mientras Nicolasito daba su aval a la comparsa. ¡Na guará!
Sin embargo, propagandistas y altos jerarcas del régimen repiten sin descanso la prédica del “repliegue táctico”, de la resistencia hasta el momento oportuno, de aguantar porque, según ellos, habrá “chavismo para mil años”.

