NotMid 04/09/2026
MUNDO
Un dron ruso ha atacado la sede central del Servicio de Seguridad de Ucrania (SBU) en Kiev. Según el presidente Volodimir Zelenski, el proyectil iba dirigido “directamente al despacho” de su máximo responsable, Oleksandr Poklad. El bombardeo traslada la ofensiva contra la capital a la oficina de uno de los hombres que dirigen la guerra clandestina contra Moscú, lo que supone una escalada de excepcional relevancia por el rango del objetivo señalado.
Poklad, jefe interino del organismo, no se encontraba en el lugar en el momento del impacto, según fuentes consultadas por Ukrainska Pravda. El ataque se produce días después de que Zelenski lanzase una advertencia a las compañías aéreas, aseguradoras y gobiernos cuyos aviones siguen utilizando el espacio aéreo ruso, unas declaraciones que Putin contestó tildando de “terrorismo de Estado”.
El edificio afectado está situado en la calle Volodimirska, frente a la catedral de Santa Sofía, en pleno centro histórico de Kiev. Tras la explosión se levantó una columna de humo y los servicios de emergencia acudieron con rapidez. El alcalde, Vitali Klitschko, elevó a nueve el número de heridos en el distrito de Shevchenkivskyi —donde se ubica la sede—, aunque no identificó expresamente el inmueble del SBU ni precisó si entre las víctimas había personal del servicio. Zelenski confirmó la existencia de heridos, sin detallar la cifra exacta.
El mandatario ucraniano aseguró haber hablado con Poklad tras el ataque y le encomendó preparar una respuesta “adecuada, contundente y, si es posible, en espejo” en cuanto todo esté listo. La instrucción abre la puerta a represalias contra un objetivo ruso equivalente, si bien Zelenski no especificó ningún blanco concreto. Hasta el momento, Moscú no ha emitido comentarios oficiales sobre el ataque.
Una contradicción en el relato de Putin
Esta acción contrasta con las declaraciones que Vladimir Putin realizó apenas tres días antes. Al término de la cumbre de la Organización de Cooperación de Shanghái, en Bishkek, al ser cuestionado sobre si la cúpula política y militar ucraniana conservaba alguna inmunidad frente a los ataques rusos, respondió: “Como pueden ver, no lanzamos esos ataques”. Su argumento era que Moscú necesitaba preservar interlocutores para un eventual acuerdo: “Necesitamos negociadores”, resumió.
La relevancia del blanco trasciende los daños materiales: el SBU combina la persecución de redes de espionaje rusas en Ucrania con operaciones clandestinas en territorio enemigo, y su sede alberga la dirección de un organismo que ha logrado golpear activos vitales de Moscú. El ministro de Exteriores ucraniano, Andrii Sybiha, calificó lo ocurrido de “escalada importante”. Poklad ejerce como jefe interino desde el pasado 17 de julio, cuando Zelenski ascendió al entonces primer adjunto.
Aunque la ofensiva contra las cúpulas de seguridad tiene precedentes —como el ataque de mayo de 2023 contra la inteligencia militar ucraniana, dirigida entonces por Kirilo Budanov—, este episodio destaca por la precisión del blanco denunciado por Zelenski: el despacho del máximo responsable del SBU dentro de su propio cuartel general.
La guerra en profundidad y el cruce de amenazas
El SBU está detrás de algunas de las acciones ucranianas de mayor impacto en suelo ruso. El 1 de junio de 2025 ejecutó la “operación Telaraña”, introduciendo drones ocultos en camiones para atacar bombarderos estacionados en bases rusas a miles de kilómetros del frente. Meses antes, en diciembre de 2024, fuentes del servicio confirmaron a Reuters la autoría del atentado en Moscú que mató al teniente general Igor Kirillov.
Esa guerra en profundidad se ha extendido a infraestructuras energéticas clave para la economía rusa. Kiev ha intensificado los ataques contra refinerías y depósitos para mermar los ingresos de Moscú. En julio, drones ucranianos alcanzaron la planta de Omsk, en Siberia —a unos 2.700 kilómetros del territorio controlado por Ucrania—, y a finales de agosto otro ataque paralizó el procesamiento de crudo en NORSI, una de las mayores refinerías del país.
Esta expansión operacional explica la advertencia que Zelenski lanzó el martes sobre la peligrosidad del cielo ruso y los aeropuertos de Moscú y San Petersburgo, afirmando que la aviación civil “no tiene sitio entre los drones”. Aunque Kiev ofreció corredores y pausas humanitarias o diplomáticas, Putin interpretó el aviso como una amenaza de “terrorismo de Estado” y prometió una respuesta.
Ahora, con este bombardeo y la orden de Zelenski de preparar una represalia equivalente, el conflicto entra en una fase donde los drones ya no solo alcanzan refinerías siberianas o bombarderos estratégicos, sino también los despachos en el corazón de Kiev.
Agencias

