NotMid 24/09/2026
Opinión NotMid
Ayer fuimos testigos de otra pirueta cínica en el gran teatro de la política nacional.
Con la ligereza de quien borra el pasado a conveniencia, Delcy Rodríguez optó por el silencio más elocuente ante la Asamblea General de la ONU: ni una sola mención, ni un atisbo de lealtad, para los Maduro-Flores.
En un estrado semivacío, su discurso se redujo a una coreografía de elogios hacia Trump y un rosario de falsedades dirigidas a los venezolanos que resisten en el país.
Pretender que este personaje encabece una promesa de cambio es ignorar su prontuario.
Es la misma funcionaria que negó la estampida migratoria, la asfixiante hiperinflación y los anaqueles vacíos con absoluta displicencia.
Hoy, con la misma fachada inmutable, se atreve a condicionar el derecho al voto a la supuesta “sabiduría ancestral” del pueblo.
¿Cuándo conoceremos ese veredicto místico? Tarde, jamás o nunca.
Porque la única verdad popular que resonó con fuerza inapelable ocurrió el 28 de julio de 2024, y fue brutalmente silenciada a plomo, persecución y terrorismo de Estado por la propia Delcy, en llave con Maduro, Jorge y Diosdado.
Han sido ellos, los arquitectos del madurismo, quienes convirtieron cada comicio en una trinchera irreconciliable al secuestrar la alternancia democrática.
Y en ese pantano seguimos atrapados: inventando coartadas y pateando el tablero constitucional para eludir la rendición de cuentas, bajo la cínica premisa de que la mejor estrategia para no convocar elecciones es prometerlas eternamente.
A otro perro con ese hueso.

