NotMid 24/06/2026
EDITORIAL
LAUREANO MÁRQUEZ
El próximo 5 de julio, como hacemos todos los años, los venezolanos celebraremos nuestro Día de la Independencia.
Ese día de 1811, los representantes electos del pueblo venezolano, en nombre de dicho pueblo, declararon la separación de la entonces Capitanía General del Reino de España, para constituir en adelante una nación independiente de toda dominación extranjera. Y por eso, es un día para conmemorar nuestras tradiciones, nuestros valores culturales y nuestra identidad. Tal como estamos haciendo ahora, con anticipación, por si acaso.
La declaración de la independencia de Venezuela y su constitución como república fue un acto enteramente civil, producto de un largo debate en aquel congreso reunido en la Capilla de Santa Rosa. Esta capilla todavía se conserva hoy frente a la Plaza Bolívar de Caracas, que en aquel entonces era simplemente la Plaza Mayor.
Distinguidos venezolanos —bueno, venezolanos desde ese día en adelante, así que quizá sería mejor decir distinguidos españoles— protagonizaron aquel acontecimiento. Allí estuvo presente el venezolano más universal de la época, Francisco de Miranda, diputado por El Pao —pronúnciese bien—, quien había participado en las dos grandes revoluciones de su era: la Revolución estadounidense —recuerden Pensacola, no Pepsi-Cola— y la Revolución francesa. Ahora se preparaba para participar en la tercera: la revolución hispanoamericana con su largamente esperada Colombeia.
Bolívar también estaba allí, no como diputado, sino como uno de los miembros prominentes de la Sociedad Patriótica, ubicada en el balcón de la capilla —o más bien, en el coro, donde estaban sentados los invitados.
También estaba presente Juan Germán Roscio, quien, junto con Francisco Isnardi —quien no era diputado sino el secretario del Congreso—, redactó el texto de lo que conocemos como el Acta de Independencia. Esta acta se conserva en el Salón Elíptico del Palacio Federal Legislativo —es decir, el Congreso— dentro de una bóveda cuya llave cuelga del collar protocolar que usan los presidentes de la república.
La mencionada Acta de Independencia está insertada en el libro de debates de aquel primer congreso. Aunque la independencia fue aprobada el día 5, el acta fue redactada al día siguiente. Así, el famoso cuadro de la firma del Acta de Independencia el 5 de julio en realidad representa el acontecimiento del día 7, aunque, por supuesto, lleva la fecha del debate y de la votación, que fue el 5 de julio.
Hay una larga lista de diputados que firman el acta. También la firmó el padre Manuel Vicente de Maya, diputado por La Grita, el único representante que votó en contra de la independencia; sin embargo, acatando disciplinadamente la decisión de la mayoría, estampó su firma en ella.
El 5 de julio, Miranda encabezó una marcha por las calles de la capital. Llevaba la bandera tricolor que había traído años antes: amarillo, azul y rojo. No hubo fuegos artificiales, gracias a Dios, porque la población habría podido pensar que se trataba de una invasión —de España.
La madre patria estaba en medio de su propia guerra de independencia contra las tropas de Napoleón.
La parte complicada de la independencia vino después, pero ese es otro asunto.
Hoy solo queremos recordar qué se celebrará este próximo 5 de julio, para que todos nuestros compatriotas comprendan plenamente qué es lo que se supone que estamos recordando.
Este artículo es breve, porque «a buen entendedor, pocas palabras».
Laureano Márquez
@laureanomar

