NotMid 14/06/2026
Editorial NotMid
Ya nada es igual en el país que amaneció aquel 2 de enero. Maduro, Saab y ahora el “Niño Guerrero”… y los que faltan por caer.
Definitivamente, no va a haber tanto dulce de lechosa para celebrar.
La aparición de Guerrero en el indictment estadounidense junto a Nicolás Maduro suma un nuevo clavo al ataúd político del régimen. Paralelamente, ver a los “hermanitos siniestros” hacer su peculiar contribución al colapso del sistema no tiene precio.
Sin embargo, la prudencia es obligatoria. Así como la cercación judicial a Maduro no desmanteló de inmediato al régimen opresor que se aferra al mando, la decapitación criminal del “Niño Guerrero” tampoco clausura automáticamente al Tren de Aragua ni al escabroso sistema transnacional que representa. No todavía.
Queda mucho por hacer para demoler, de forma definitiva, las dos caras de una misma moneda. Estamos ante un único experimento de dominación que socavó la democracia, suprimió las libertades e impuso un modelo criminal y despótico para someter a la población venezolana por distintas vías: sea desde Miraflores o desde Tocorón. Al final, “es la misma miasma”.
La tarea debe ser terminada.
El monstruo es de varias cabezas, y todavía quedan algunas pendientes.

